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Cuento III - El conde Lucanor
Lo que sucedió al rey Ricardo de Inglaterra cuando saltó al mar para luchar contra los moros:
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Un día se retiró el Conde Lucanor con Patronio, su consejero, y le dijo así:
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-Patronio, yo confío mucho en vuestro buen juicio y sé que, en lo que vos no sepáis o no podáis aconsejarme, no habrá nadie en el mundo que pueda hacerlo; por eso os ruego que me aconsejéis como mejor sepáis en los que ahora os diré. Bien sabéis que yo ya no soy muy joven y que, desde que nací hasta ahora, me crié y viví siempre envuelto en guerras, unas veces contra moros, otras con los cristianos y las más fueron contra los reyes, mis señores, o contra mis vecinos. En mis luchas con mis hermanos cristianos, aunque yo intenté que nunca se iniciara la guerra por mi culpa, fue inevitable que muchos inocentes recibieran gran daño.Leer el artículo
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El conde Lucanor
Cuento II
Lo que sucedió a un hombre bueno con su hijo
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Otra vez, hablando el Conde Lucanor con Patronio, su consejero, le dijo que estaba muy preocupado por algo que quería hacer, pues, si acaso lo hiciera, muchas personas encontrarían motivo para criticárselo; pero, si dejara de hacerlo, creía él mismo que también se lo podrían censurar con razón. Contó a Patronio de qué se trataba y le rogó que le aconsejase en este asunto.
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-Señor Conde Lucanor -dijo Patronio-, ciertamente sé que encontraréis a muchos que podrían aconsejaros mejor que yo y, como Dios os hizo de buen entendimiento, mi consejo no os hará mucha falta; pero, como me lo habéis pedido, os diré lo que pienso de este asunto. Señor Conde Lucanor -continuó Patronio-, me gustaría mucho que pensarais en la historia de lo que ocurrió a un hombre bueno con su hijo.Leer el artículo
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El conde Lucanor
Cuento I
Lo que sucedió a un rey y a un ministro suyo
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Una vez estaba hablando apartadamente el Conde Lucanor con Patronio, su consejero, y le dijo:
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-Patronio, un hombre ilustre, poderoso y rico, no hace mucho me dijo de modo confidencial que, como ha tenido algunos problemas en sus tierras, le gustaría abandonarlas para no regresar jamás, y, como me profesa gran cariño y confianza, me querría dejar todas sus posesiones, unas vendidas y otras a mi cuidado. Este deseo me parece honroso y útil para mí, pero antes quisiera saber qué me aconsejáis en este asunto.
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.-Señor Conde Lucanor -dijo Patronio-, bien sé que mi consejo no os hace mucha falta, pero, como confiáis en mí, debo deciros que ese que se llama vuestro amigo lo ha dicho todo para probaros y me parece que os ha sucedido con él como le ocurrió a un rey con un ministro.Leer el artículo
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He estado releyendo por enésima vez, un libro por demás precioso. Nada mueve más a la voluntad y a la imaginación que aquellos textos de las primeras horas de la literatura española. Razón tiene (parece) un amigo mío, que es también poeta como quiero serlo yo, y vive en España, al decirme que la escritura de los últimos tiempos se está viniendo abajo.
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Yo mantengo la esperanza de que en algún período de la historia, ella, la escritura, pueda reflotar por lo menos, bajo la presión de la indiferencia.
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Quiero remontarme a los lejanos capítulos literarios (antes de que corriera el desesperado tren del siglo XX), en que la narrativa era de por sí sabia y aleccionadora.
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Releí con entusiasmo la obra llamada El conde Lucanor, escrita por el infante don Juan Manuel. Leer el artículo
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Desnudar a una mujer, es un nido de emociones que no se verá a través de su piel, ya que es una geografía que se admirará sin llegar a su esencia, si ella no lo quiere.
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Si se quiere desnudar a una mujer, nunca se logrará. Se hará sí, con su vestimenta, pero nada más. Se verá su cuerpo, se verá su hermosa piel, se verá su sexo, pero no más de ahí.
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Por eso desnudar una mujer, no alcanza para descubrir su mundo secreto y lo más probable, por no decir lo más seguro, es que sus ojos cuenten mucho más de lo que se quiere saber. Cuando sus ojos miran fijamente, dicen muchas cosas y como seguramente uno mirará su cuerpo, ni cuenta se dará lo que sus ojos están diciendo.
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Ella sabe que para llegar a su alma, se deberá mirar con mucha más paciencia, pues aun desnuda, estará vestida de pleno misterio. El fuego de su interior, sólo se conocerá mirando su corazón a través de sus ojos, y aún sin ropas, no nos pertenecerá. Leer el artículo
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En el borde del acantilado estoy parado. Roca, roca y más rocas. Abajo, el mar tempestuoso castiga con todo su furor contra las mismas. Sus olas me mojan y el viento me empuja.
Siento frío, mucho frío y mi cuerpo tiembla, pero no puedo quitar mi mirada de tu cuerpo, allá abajo. Tu cuerpo desnudo. Ese cuerpo que tantas veces besé y creí que sería eternamente mío, y aunque el mar me azota con más fuerza, te sigo mirando.
Ya no puedo sostenerme, pero tampoco puedo dejar de admirar tu cuerpo dándome la espalda. Mis ojos de amante desesperado y cansado, se están corroyendo por el agua del mar que los castiga, pero sigo mirándote, observando tu cuerpo hermoso dándome la espalda.
Quiero subir, subir para salvarme del mar, subo a otras rocas pero las olas me atrapan. Y te sigo mirando cuando siento que el mar me arrastra hacia sus entrañas.
Me tomo del borde de una roca filosa que me lastima y siento dolor, pero que desaparece cuando ahora observo tus ojos verdes mirándome, mientras tus cabellos rubios y mojados caen sobre tus bien formados hombros desnudos.
De pronto dejas de mirarme y ya no me importa nada. No me importa sostenerme por mi vida en peligro. Ya no me importa. Ya dejé de querer el mar, de amar la luna que ahora te alumbra. Ya todo está sellado y yo atrapado y sin salida, ya no me miras pues has dejado de amarme.
Ya no tengo tu amor, ya no tengo cuerpo, ni tu boca de finos labios, ni tu cara de nariz perfecta. Que hermosa eres. Tampoco tengo ya tus senos de erectos pezones. No tengo tus brazos. No tengo tus piernas. No tengo nada. Nada de ti. Y mientras hago los pocos esfuerzos para sostenerme, te veo con tu cabello mojado. Ahora me observas con tus hermosos ojos verdes, como si nadie pudiese tocarte ni corromperte, pero me extiendes el brazo como queriéndome tomar.
Ya no estás, no te veo; pero sí te veo. El mar me traiciona. El mar, mi viejo amigo, ahora me engaña a pesar que lo he amado durante tantos años. Ahora ese amor me arrastra hacia la muerte. Y ahora te veo ¿Haces lo mismo conmigo? Pero te veo entre las aguas del fondo y tu mirada es la misma, como igual el brazo extendido que me llama.
Reviven de nuevo hacia ti mis sentimientos, ya no me importan ni el mar ni el viento, sólo me importas tu. Pero te veo atravesada por las olas en un instante y por las corriente del fondo en otro. Es tu cuerpo atravesado por el mar el que me llama.
Tu belleza es radiante y tu sonrisa dulce y eso predomina sobre todo lo demás. Nada más me importa; sólo tu. Quiero tomar tu mano extendida hacia mí, pero ya no puedo. No tengo de donde tomarme ni tampoco fuerzas para hacerlo. El mar me atrapa y las afiladas rocas hieren mi cuerpo. No puedo. Tu sigues mirándome, pero ya no oyes mis llamadas de angustia. Estoy solo. Siento el latir de tu corazón en el golpe de cada ola y tus penas que cantan.
Siento la sal del agua del mar en mi boca y recuerdo la sal de tu cuerpo. Recuerdo tus gemidos. Ya me entrego, no me quedan fuerzas. Me entrego al mar del mismo modo que me entregué a ti. Ya no respiro, ya siento como muero y entonces desde el fondo te veo, en la superficie, de frente, sonriéndome a la luz de la luna.
Armando Maronese
M, 11 de noviembre de 2008
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Todos tenemos nuestras ideas claro, pero a veces las tenemos por convicción, por terquedad o por negación. Ser elegante significa saber escoger: elegir entre ser una mujer más, o ser, por el contrario, una revolucionaria que se enfrenta al mundo.
. La elegancia significa la presencia de lo bello en cada mujer, según los ojos del hombre que sabe, que intuye o desea. Pero la elegancia no se consigue solamente con ropa con la cual está vestida la mujer. Otros factores, gustos e intuiciones tienen peso en ello. Que esto quede bien en claro. No hace falta vestirse con las mejores prendas para ello, ya que esto es un falso concepto.
. Tengo una amiga que siempre ha representado para mí un modelo a seguir en el arte de la elegancia. Su manera tan femenina de comportarse, la distinción con la que camina, el destello de sus ojos y la perfecta combinación de su ropa, hacen que todos los que la ven al pasar, volteen hacia ella su mirada. Leer el artículo
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El tic-tac de doce relojes de péndulo expuestos en la galería, musicalizan los momentos de indecisión de compradores admirando las distintas piezas. Cuadros, muebles, esculturas, arte antiguo para conocedores que buscan adquirir elementos que aumenten sus colecciones.
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Al fondo del pasillo, y pasando por el patio central, está una habitación especial. En ella hay demasiados objetos poco valorados. Aarón corre con su mano izquierda el espeso cortinaje de terciopelo rojo y entra al gran salón. El aroma a humedad se concentra en su nariz, y con ello evoca recuerdos que no logra identificar. Sufre la sensación de ya haberlo vivido.
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Camina y sus pasos retumban en la duela del piso, gira a todos lados su cabeza en busca de un objeto especial. Cuadros sin retoque, plata sin limpiar, arcángeles en talla de madera con alas o brazos rotos. Mantelería amarillenta, esculturas de aves en mármol blanco, pipas y tabaco, espejos y cepillos con el dorso repujado en estaño. Leer el artículo
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Andanzas de los enamorados
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Ven amada mía, vayamos por aquí.
Caminemos por la arena
y que nuestros pasos estremezcan
el silencio cálido de la noche...
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Mi mano en tu cintura, tu cabello en mi cara,
travieso juego del viento...
Luz plateada proyectando sombras alargadas.
¿Somos de este mundo, amor? Leer el artículo
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"Algo hay tan evidente como la muerte y es la vida". Charles Chaplin
Por esas cosas de la cultura, la palabra duelo nos remite siempre a otra que, con sólo nombrar causa temor: la muerte. Si la vejez despierta miedo, la muerte aún más.
La vida que nos enfrenta, nos va preparando, casi sin darnos cuenta, a vivir duelos cotidianos. Cada día que pasa, cada cosa que vamos dejando atrás, nos pone en el camino de los duelos. Sino pensemos en cuánto nos costó dejar el secundario, o esas vacaciones, el dolor ante un romance frustrado o por el amigo que se fue. Por cada pérdida, por cada abandono, un duelo. Leer el artículo
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Luis Joseph de Tejeda y Guzmán. Pronto 403 años ya... Se cumplen este año, tres años más de cuatro siglos del nacimiento de fray Luis Joseph de Tejeda y Guzmán, venido al mundo en la ciudad de Córdoba, el 25 de agosto de 1604. Leer el artículo
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Sentadita en la banqueta, acomoda su mochila cargada de lienzos, pinceles y pinturas. Se dispone, con cuaderno en mano, a escribir una reseña de todo lo que observa. Frente a sus ojos en medio de un mal formado círculo de personas, aquel hombre con el rostro maquillado en blanco y sombrerito chistoso; agita las manos y habla a través de sus guantes percudidos de polvo. Leer el artículo
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En los últimos dos años ha habido un auge en el uso de sitios en Internet que ponen en contacto a hombres y a mujeres musulmanes. Esos sitios no son para organizar salidas informales, sino para aquellos que buscan casarse. Leer el artículo
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El bolero es una escritura mediante la cual,
el cuerpo deja su rastro en el lenguaje.
Iris Zabala
Romanticismo en clave popular, sentimentalismo, erotismo y ritmo para abrazarse: tal vez ésa sea la definición más acertada del bolero. Sin profundidades existenciales o metafísicas, con eficaces imágenes, versos cortos, sentidas representaciones de la situación amorosa y estribillos contundentes, los boleros son ya una marca registrada en el gusto popular. Popular, es decir, la música que canta, baila, tararea toda la gente. Leer el artículo
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Hay muchas parejas que, en la práctica de su relación sexual, parecen aplicar las enseñanzas de un curso de lectura veloz. Se pierden lo mejor, pues el encuentro sexual es una "fiesta" que requiere tiempo y el deliberado propósito de llenarla de alegría. Leer el artículo
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Alguna vez miraste a tu papá a los ojos?. Alguna vez viste a tu papá afeitándose?. Si, parece una tontería, pero lo hiciste?. Un día cuando yo era chico, vi a mi padre afeitándose. Yo, mirando hacia arriba como todos los hijos miran a sus padres y ahí estaba mi papá, con su espuma, con su brocha, con su navaja, y yo lo miraba como se afeitaba y él me miró y me dijo: "Que mira compañero, va a llegar tarde a la escuela, vamos apúrese" y me dio un beso en la nariz y me la lleno de espuma. Leer el artículo
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Después de un tiempo uno aprende la sutil diferencia entre SOSTENER una mano y ENCADENAR UN ALMA; uno aprende que el AMOR no significa acostarse y que una compañía no significa seguridad. Leer el artículo
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El Apocalipsis es el último libro de la Biblia y su nombre en griego, significa "Revelación". Fue escrito en torno a los años 95-100 d.C., e intenta brindar un mensaje de esperanza para los cristianos que están sufriendo la persecución y el martirio. Es muy importante tener en cuenta, que este libro pertenece al género literario apocalíptico, relacionado con la profecía (en el sentido de "mirar hacia adelante" y anticipar el futuro). En la Biblia hay dos libros del género apocalíptico, el libro de Daniel y el Apocalipsis. Leer el artículo
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Entre los malos recuerdos, se desatacan los remordimientos. Son los recuerdos más dolorosos, son los que provocan las angustias mas profundas, porque tocan nuestra autoestima. ¿Cómo es eso?... Son recuerdos dolorosos, de errores que hemos cometido, que nos llevan a despreciarnos a nosotros mismos y así, nos hacen sentir indignos de vivir. Entonces, nuestro interior se llena de debilidad, nos parece que nuestro ser es muy frágil, y sospechamos que la vida no esta hecha para nosotros. Leer el artículo
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Hace casi 400 años se lo consideraba la causa de un mal sin tratamiento que, sólo excepcionalmente, afectaba a los varones. Durante siglos, poetas y escritores lo culparon de las más profundas desdichas y hasta de la locura... El amor, sin embargo, no merecería cargar con tanta responsabilidad. Leer el artículo
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